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Si se dejan fuera Alicante y Elche, que por su tamaño y características difieren del resto de municipios litorales de la provincia, el incremento de población se reduce a 6.000 personas, pero resulta igualmente relevante porque se trata de una remontada después de varios años de caída. Además, hay que considerar que el dato del padrón de 2018 se utiliza como referencia para la composición de los ayuntamientos de cara a las elecciones del próximo mes de mayo; así, haber quedado por debajo de alguna de las barreras establecidas, como 5.000, 10.000 o 20.000 habitantes, podría haber implicado una pérdida de concejales. Finalmente no será así y todos se mantendrán con el mismo número de ediles que tienen en la actualidad, incluso l'Alfàs del Pi, donde el año pasado saltaron las alarmas al perder de golpe 3.100 vecinos y quedarse 18.394. En el nuevo padrón, la localidad vuelve a superar, aunque por muy poco, los 20.000 habitantes.

La caída demográfica se produjo después de el INE comenzara a realizar un control mucho más exhaustivo de los padrones municipales. Todas las localidades afectadas tenían en común el haber crecido de manera muy rápida en años anteriores, junto con la existencia de un importante volumen de población originaria de otros países de la Unión Europea, un hábitat por lo general difuso -es decir, en urbanizaciones al margen del núcleo central- y estar ubicadas en la costa o el prelitoral. La merma de habitantes, además, se concentró de manera casi exclusiva en los residentes de la UE, para quienes, al contrario que para el resto de ciudadanos extranjeros, estar empadronado no resulta indispensable para vivir de manera regular en España.

Ante esta situación, varios de los ayuntamientos afectados emprendieron campañas para promover el empadronamiento de residentes europeos que nunca se habían registrado como vecinos o que podían haber sido dados de baja de oficio. Algunas de estas campañas fueron especialmente activas, tal y como publicó en su momento este periódico. En Calp, por ejemplo, prácticamente se hizo un «puerta a puerta» por todo el municipio animando a inscribirse en el padrón, y en Teulada se elaboró un vídeo para mostrar de manera gráfica los beneficios de empadronarse y los perjuicios que el no hacerlo tenía sobre el conjunto de vecinos.

Desfases Las cifras muestran cómo iniciativas como las realizadas en Calp y Teulada han tenido éxito. Corrobora esta visión el geógrafo José Vicente Sánchez, profesor de la Universitat de València y vecino además del primero de estos municipios. «La gente ha respondido a las campañas», considera. A su juicio, en estas localidades, «más que ganar población, lo que ocurre es que se están ajustando los padrones». En este sentido, recuerda que «probablemente ni llegó a haber en realidad tantos habitantes como marcaban los padrones de hace algunos años, ni tan pocos como señalaron después», y que es más plausible que hubiera desfases al no dar de baja a personas que se habían marchado de los municipios y sí hacerlo con residentes que no habían renovado el empadronamiento.

Torrevieja, con 653 habitantes menos en un año, es la excepción más sonada a esta tendencia demográfica al alza, aunque no la única, ya que Benissa pierde 111 vecinos y Els Poblets 62. Hay también otro municipio que no está en primera línea de costa pero que ha experimentado el mismo fenómeno, La Nucia, donde no se alcanza la barrera de los 20.000 habitantes, que sí se rebasó en 2014 y 2015. En el último año pierde 306 vecinos más y se queda en 18.242, con lo que, en principio, la corporación municipal se reducirá de 21 a 17 concejales.

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Si se dejan fuera Alicante y Elche, que por su tamaño y características difieren del resto de municipios litorales de la provincia, el incremento de población se reduce a 6.000 personas, pero resulta igualmente relevante porque se trata de una remontada después de varios años de caída. Además, hay que considerar que el dato del padrón de 2018 se utiliza como referencia para la composición de los ayuntamientos de cara a las elecciones del próximo mes de mayo; así, haber quedado por debajo de alguna de las barreras establecidas, como 5.000, 10.000 o 20.000 habitantes, podría haber implicado una pérdida de concejales. Finalmente no será así y todos se mantendrán con el mismo número de ediles que tienen en la actualidad, incluso l'Alfàs del Pi, donde el año pasado saltaron las alarmas al perder de golpe 3.100 vecinos y quedarse 18.394. En el nuevo padrón, la localidad vuelve a superar, aunque por muy poco, los 20.000 habitantes.

La caída demográfica se produjo después de el INE comenzara a realizar un control mucho más exhaustivo de los padrones municipales. Todas las localidades afectadas tenían en común el haber crecido de manera muy rápida en años anteriores, junto con la existencia de un importante volumen de población originaria de otros países de la Unión Europea, un hábitat por lo general difuso -es decir, en urbanizaciones al margen del núcleo central- y estar ubicadas en la costa o el prelitoral. La merma de habitantes, además, se concentró de manera casi exclusiva en los residentes de la UE, para quienes, al contrario que para el resto de ciudadanos extranjeros, estar empadronado no resulta indispensable para vivir de manera regular en España.

Ante esta situación, varios de los ayuntamientos afectados emprendieron campañas para promover el empadronamiento de residentes europeos que nunca se habían registrado como vecinos o que podían haber sido dados de baja de oficio. Algunas de estas campañas fueron especialmente activas, tal y como publicó en su momento este periódico. En Calp, por ejemplo, prácticamente se hizo un «puerta a puerta» por todo el municipio animando a inscribirse en el padrón, y en Teulada se elaboró un vídeo para mostrar de manera gráfica los beneficios de empadronarse y los perjuicios que el no hacerlo tenía sobre el conjunto de vecinos.

Desfases Las cifras muestran cómo iniciativas como las realizadas en Calp y Teulada han tenido éxito. Corrobora esta visión el geógrafo José Vicente Sánchez, profesor de la Universitat de València y vecino además del primero de estos municipios. «La gente ha respondido a las campañas», considera. A su juicio, en estas localidades, «más que ganar población, lo que ocurre es que se están ajustando los padrones». En este sentido, recuerda que «probablemente ni llegó a haber en realidad tantos habitantes como marcaban los padrones de hace algunos años, ni tan pocos como señalaron después», y que es más plausible que hubiera desfases al no dar de baja a personas que se habían marchado de los municipios y sí hacerlo con residentes que no habían renovado el empadronamiento.

Torrevieja, con 653 habitantes menos en un año, es la excepción más sonada a esta tendencia demográfica al alza, aunque no la única, ya que Benissa pierde 111 vecinos y Els Poblets 62. Hay también otro municipio que no está en primera línea de costa pero que ha experimentado el mismo fenómeno, La Nucia, donde no se alcanza la barrera de los 20.000 habitantes, que sí se rebasó en 2014 y 2015. En el último año pierde 306 vecinos más y se queda en 18.242, con lo que, en principio, la corporación municipal se reducirá de 21 a 17 concejales.

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